La
DEVOCIÓN
A LA VIRGEN EN LA CONGREGACIÓN
consiste también en la
imitación
de
sus altísimas virtudes. Ella
es Modelo y Maestra de santidad. Hay que
copiar
su vida, reproducirla en todos sus pormenores, reflejar sobre todo en nosotros
su pureza inmaculada. En esta escuela de María es donde se aprende y se logra
la imitación de Jesús, cifra de la perfección cristiana.
De
ahí el lema de la Congregación: «A
Jesús por María».
En
Ella hemos
de
poner toda nuestra confianza. «¡La
Madre de Dios es mi Madre!», decía San Estanislao de Kotska..
Acudamos
incesantemente a Ella: a través, del Rosario, sin el cual no se concibe un
Congregante; el Angelus, el uso de la Medalla...Es
preciso, finalmente, estimularnos mutuamente a amarla y servirla con piedad filial,
primeramente entre nosotros mismos.
Con el ejemplo y con la palabra.
Debemos
empeñaros en que la Virgen sea de todos conocida y amada. Que todos
experimenten cuán dulce es servirla y cuán eficaz su protección; tesoro
nuestro y prenda segura de nuestra salvación.
Pero,
a fin de cuentas, la culminación de esta manera práctica y eficaz de vivir en
la Congregación la devoción a la Santísima Virgen, es practicar la Consagración
entera, total y perpetua a la misma Virgen Madre, ofreciéndole en homenaje,
la propia vida y prometiéndole vivir siempre entregado a su amor y servicio.
«La
Consagración a la Madre de Dios en la Congregación Mariana es un don completo
de sí mismo, para toda la vida y para la eternidad», dijo
en su momento S. S. Pío XII.
Darse
una persona a otra es entregarse, dedicarse de grado a
satisfacer
sus gustos y deseos. No sólo a
no
hacer cosas que le disgustan, sino a cumplir especialmente lo que a Ella más le
gusta.. ¿Y que es lo que más le gusta a María? ¿No es que su Hijo-sea más y
más glorificado, en intensidad (propia santificación) y en extensión
-(salvación y santificación de los demás)?
Por
eso añadió
Pío XII: «Don
efectivo, que se verifica en la intensidad de la
vida
cristiana y de la vida apostólica».
El
acto de Consagración, no es
un voto
religioso, ni un juramento, ni una mera ceremonia litúrgica, ni una simple
promesa de agradar a la Virgen, ni una hermosa oración «de pura fórmula o de
puro sentimiento». Es, sencillamente, una
donación que
tiene como base la palabra de honor dada libérrimamente de querer llegar a Jesús
por medio
de María, sirviéndola, cumpliendo su Voluntad, conformando nuestra vida con la
vida y virtudes de Ella.
Esta
donación es universal, total: de cuerpo
y alma, cosas, bienes y ocupaciones... Todo yo, todo lo mío, jamás podría
emplearse contra el beneplácito de Ella; sería como un sacrilegio; es de Ella
y para Ella, y sólo puede dedicarse conforme a sus deseos, para gloria suya y
en consecuencia, de su Hijo Divino.
Muy
lejos de la idea de una rendición pasiva y aniquilante; se trata de una entrega
gozosa y alegre, activa transformadora, santificadora... Un compromiso
serio
de vivir como cosa
y posesión
de María.
Es
finalmente una donación oficial y pública: «en la
Congregación», ante la
Jerarquía,
que recibe
la Consagración,
y los compañeros Congregantes ya
consagrados.
No
obliga bajo pecado, pero ¿no sería
bochornoso hablar
de pecado
cuando
media el amor
y la
-generosidad?
En
cambio, tiene
ciertos efectos jurídicos perpetuos, la
perseverancia del Congregante, le separa en verdad de la turba de los
inconsecuentes y frívolos, y le marca como con un "carácter"
espiritual, el «signum
Mariae».
Con
él adquiere como un nuevo estado de vida que consiste en una nueva
manera de ser y de obrar, puesto que nos hace "Ministros
de María".
Al
consagrarte te das enteramente a María. ¡Ah! Pero
Ella
te
da más de
lo que tú puedes esperar y puedes imaginarte. A cambio de tu fidelidad, que es
el mayor bien para ti. Ella te da su amor de Madre, su protección de Reina, su
intercesión de Omnipotencia Suplicante, la gracia de su Divino Hijo que todo lo
puede y vale más que el mundo...
Composición
del C. M. Alfonso de Jesús Marín González, inspirado en el documento “Puntos
básicos para la formación el Congregante”, tomado del Boletín de las
Congregaciones Marianas de Madrid, Marzo-Abril 1948.,